La manteca de añojo procede del tejido adiposo del animal, especialmente de la zona abdominal y lumbar, donde la grasa es más limpia y de textura fina. Tras un proceso de fundido lento, se obtiene una manteca pura, de color claro y aroma suave, muy apreciada por su versatilidad en la cocina. Su punto de fusión relativamente bajo permite que se derrita con facilidad, aportando una untuosidad natural que realza sabores sin enmascararlos.
Culinariamente, es un ingrediente ideal para freír, saltear, confitar o elaborar masas tradicionales, ya que aporta una textura tierna y un sabor característico pero equilibrado. También es perfecta para dar brillo y suavidad a guisos, legumbres o verduras, y para preparar recetas clásicas como empanadas, hojaldres rústicos o panes enriquecidos.
A nivel nutricional, la manteca es una fuente de energía natural, rica en ácidos grasos saturados y monoinsaturados, que aportan saciedad y ayudan a mantener la estabilidad térmica en cocciones prolongadas. Contiene además vitaminas liposolubles como la A, D y E, esenciales para el sistema inmunitario, la salud de la piel y la protección antioxidante.