La carrillera de añojo procede de los músculos maseteros, situados a ambos lados de la mandíbula del animal. Al ser una zona muy trabajada durante la vida del añojo, su carne es firme en crudo pero extraordinariamente tierna cuando se cocina a fuego lento. Esta actividad muscular constante hace que la pieza esté muy infiltrada de colágeno natural, que durante la cocción se transforma en una gelatina suave y melosa, responsable de su textura tan característica.
Culinariamente, es un corte muy apreciado por su sabor profundo y su capacidad para absorber los aromas del guiso, lo que la convierte en una pieza ideal para recetas largas y aromáticas. Su carne se deshace con facilidad y ofrece un resultado jugoso y lleno de matices, perfecto para quienes disfrutan de platos reconfortantes y bien trabajados.
A nivel nutricional, la carrillera aporta proteínas de alta calidad, esenciales para el mantenimiento de los tejidos, así como vitaminas del grupo B, especialmente B6 y B12, que contribuyen al metabolismo energético. También es rica en minerales como hierro y zinc, fundamentales para el sistema inmunitario y la regeneración celular.