Blog El Milagro

Una Boda en la Huerta, segn Quevedo

19 abril , 2016

D. Francisco, en este poema, haciendo gala de fina irona y realismo, da vida a frutos y hortalizas asistiendo a la Boda de la Berza con el Repollo. Es largo pero en absoluto aburrido. Vers como segn lo lees se te dibuja una sonrisa e imaginas a cada uno de ellos con su personalidad propia, como invitados de estos Ilustres Desposorios. Exactamente eso me ha ocurrido a mi, y me apeteca compartirlo con vosotros en esta bonita maana de Domingo primaveral.

Don Repollo y doa Berza,
de una sangre y de una casta,
si no caballeros pardos,
verdes fidalgos de Espaa,

casronse, y a la boda
de personas tan honradas,
que sustentan ellos solos
a lo mejor de Vizcaya,

de los solares del campo
vino la nobleza y gala:
que no todos los solares
han de ser de la Montaa.

Vana y hermosa, a la fiesta
vino doa Calabaza:
que su merced no pudiera
ser hermosa sin ser vana.

La Lechuga, que se viste
sin aseo y con fanfarria,
presumida, sin ser fea,
de frescona y de bizarra.

La Cebolla, a lo viudo,
vino con sus tocas blancas
y sus entresuelos verdes:
que, sin verdura, no hay canas.

Para ser dama muy dulce
vino la Lima gallarda
al principio: que no es bueno
ningn postre de las damas.

La Naranja, a lo ministro,
lleg muy tiesa y cerrada,
con su apariencia muy lisa
y su condicin muy agria,

A lo rico y lo tramposo,
en su erizo, la Castaa:
que la han de sacar la hacienda
todos por punta de lanza.

La Granada, deshonesta,
a lo moza cortesana,
desembozo en la hermosura,
descaramiento en la gracia.

Doa Mostaza, menuda,
muy briosa y atufada:
que toda chica persona
es gente de gran mostaza.

A lo alindado, la Guinda,
muy agria cuando muchacha;
pero ya entrada en edad,
ms tratable, dulce y blanda.

La Cereza, a lo hermosura,
recin venida, muy cara,
pero, con el tiempo, todos
se le atreven por barata.

Doa Alcachofa, compuesta
a imitacin de las flacas:
basquias y ms basquias,
carne poca y muchas faldas.

Don Meln, que es el retrato
de todos los que se casan:
Dios te la depare buena,
que la vista al gusto engaa.

La Berenjena, mostrando
su calavera morada,
porque no lleg en el tiempo
del socorro de las calvas.

Don Cohombro, desvado,
largo de verde esperanza,
muy puesto en ser gentil hombre,
siendo cargado de espaldas.

Don Pepino, muy picado
de amor de doa Ensalada,
gran compadre de dotores,
pensando en unas tercianas.

Don Durazno a lo invidioso,
mostrando agradable cara,
descubriendo con el trato
malas y duras entraas.

Persona de muy buen gusto,
don Limn, de quien espanta
lo sazonado y panzudo:
que no hay discreto con panza.

De blanco morado y verde,
corta crin y cola larga,
don Rbano, pareciendo
moro de juego de caas.

Todo fanfarrones brios,
todo picantes bravatas,
lleg el seor don Pimiento,
vestidito de botarga.

Don Nabo, que, viento en popa
navega con tal bonanza,
que viene a mandar el mundo
de gorrn de Salamanca.

Mas baste, por si el letor
objeciones desenvaina:
que no hay bodas sin malicias,
ni desposados sin tacha.